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Colaboraciones en el sector cervecero: compartir el conocimiento

California. Estados Unidos. El movimiento de la cerveza artesana tiene en este espacio geográfico norteamericano uno de sus puntos de referencia. En la Costa Oeste de Estados Unidos, el craft es casi una religión, un foco de influencia para el resto del mundo. Allí, a orillas del Pacífico, la cerveza artesana recuperó su pujanza en los años setenta y ochenta a través de dos líneas de acción muy bien definidas y que se convirtieron en el ADN del sector: la colaboración entre fábricas para elaborar cerveza de forma conjunta, haciéndolo además, compartiendo conocimiento.

Esa filosofía se trasladó a Europa y al sector español, donde ha gozado tradicionalmente  de buena salud. En España, la cerveza artesana se encuentra en un buen momento, pero aún muy lejos de las cifras que se manejan en países como Francia o Italia y a años luz del poderoso movimiento californiano. Son muchas los proyectos cerveceros que han apostado y apuestan por trabajar de forma conjunta en la elaboración de una determinada cerveza.

La propia fisonomía del sector ayuda a esta filosofía de trabajo. Montar una fábrica no es sencillo. Obliga a realizar una inversión muy fuerte y competir en un mercado donde operan grandes grupos industriales con recursos casi ilimitados. Invertir en un proyecto con estas características es un acto de fe para los muy valientes.   Exige no sólo a una inversión inicial poderosa sino a desarrollar un modelo de negocio sustentado en la seguridad alimentaria y la innovación y el desarrollo. Los tiempos de las ollas en casa forman parte de la cultura popular pero ya hace mucho que no son más que historia. Pocas son las cerveceras artesanas que apostaron desde el inicio por poner toda la carne en el asador por lo que en los albores del movimiento craft en España, cogió mucho protagonismo la figura del cervecero nómada.

De la mano de los nómadas, muchas cerveceras incipientes colaboraron para elaborar cerveza conjunta. Eran todo ventajas: se compartía conocimiento, se conocían proyectos cerveceros distintos y se abarataban costes de elaboración. Muchas cervezas elaboradas de esta forma fueron espectaculares y además, se contribuyó al desarrollo del sector y se creo un ‘tejido cervecero’ potente y pujante.

En el momento actual, algunas cerveceras punteras mantienen activa esa filosofía de colaboraciones. Lo hacen por compromiso y también porque formó parte de sus inicios. Los resultados siguen siendo brillantes en un buen número de casos, pero el sector avanza a velocidad de crucero y las necesidades comienzan a ser muy distintas.

Cualquier cerveza que salga de una fábrica en el momento actual, lleve el apellido que lleve, debe regirse a unas normas bien definidas: deben ser cervezas estables, elaboradas en condiciones inmejorables, sin atajos y acorde a todos los requerimientos de seguridad y calidad alimentaria europeos. Ese es el camino. A partir de ahí, mantener las colaboraciones, enriquece, si cabe, aún más el portafolio de nuestro sector, pero los tiempos comienzan a cambiar poco a poco y de forma irreversible.

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