La leyenda del Senador Volstead

“Esta noche, un minuto después de las doce, nacerá una nueva América. El demonio de la bebida, hace testamento”. Con estas palabras, el senador Andrew Volstead anunciaba la entrada en vigor en todo el territorio de Estados Unidos de la conocida popularmente como ‘Ley Seca’ en la medianoche del 17 de enero de 1920. Comenzaba de esta manera uno de los episodios que más ríos de tinta han hecho correr en la literatura y el cine estadounidense.

La ‘Ley Seca’ se asocia a los tiempos de la mafia, de personajes tristemente célebres como el mítico Al Capone, del contrabando de alcohol y de los ‘speakeasis’ clandestinos, de los que llevo a haber hasta 100.000 en todo Estados Unidos y 10.000 sólo en Nueva York, la ciudad que nunca duerme durante la Prohibición. Pero también, en el tiempo que estuvo en vigor, desde ese ‘fatídico’ 17 de enero de 1920 hasta el 5 de diciembre de 1933, de los conocidos ‘felices años 20’. Fue una etapa en la historia del mundo occidental en la que las pesadillas de la Primera Guerra Mundial parecían haber quedado definitivamente en el cajón del olvido.

La historia del Senador Andrew Volstead no fue distinta a la de muchos otros emigrantes que llegaron a Estados Unidos a lo largo del siglo XIX con la intención de labrarse un futuro mejor. La familia Volstead, eso sí, no llegó con una mano delante y otra detrás, como la mayoría de irlandeses o alemanes que ponían el pie por primera vez en la isla de Ellis, el islote que hacía las veces de puerta de entrada al nuevo mundo. Los antepasados de Volstead eran emigrantes noruegos y por parte de padre, John Einertsson, estaba emparentado, aunque de forma muy lejana, con la reina Sonia de Noruega. Contar con una pincelada, por tenue que fuera, de realeza en el curriculum de emigrante no era lo más habitual en la época.

Nacido en Kenyon el 31 de octubre de 1860, siempre tuvo vocación política. Vinculado al Partido Republicano, fue diez veces elegido congresista y desde su escaño en el Congreso defendió postulados muy conservadores. Con el tema de la bebida, sin embargo, se llevó los honores aunque fueron otros quienes cardaron la lana. Wayne Wheeler, miembro de la poderosa Liga Antibares de la época, fue el principal impulsor de una propuesta que básicamente “prohibía la venta, importación y fabricación de bebidas alcohólicas en todo el territorio de Estados Unidos”, una medida que, en esencia y en teoría, no vetaba la elaboración casera de bebidas no espirituosas y permitía que se pudiera fabricar en casa para el consumo propio hasta “200 galones (unas 1000 botellas) de sidra no embriagadora”.

Volstead, que no fue el ‘hacedor’ de la Ley, sí que fue su principal promotor hasta el punto de que el Acta de Prohibición, que así se llama, tomó su nombre y a ella ha quedado ligado para siempre a pesar de que en su labor como congresista figuran hitos como el desarrollo de una ley de cooperativas agrarias que fue modelo durante muchos años en Estados Unidos, además de ser uno de los juristas más reconocidos de su tiempo.

El senador Volstead, como miembro del Comité Judicial, de la Casa Blanca, impulso una Ley que, en un principio, llegó a ser vetada hasta por el propio presidente, Wodrow Wilson. Pero eran tiempos complicados. La Primera Guerra Mundial pesaba mucho en el ambiente y el movimiento puritano, liderado por los radicales que conformaban el Movimiento por la Templanza, que incluso llegaban a atacar tabernas y bares donde se servía cerveza y whiskey, terminó imponiendo su visión de hacer las cosas.

La Ley, que estuvo quince años en vigor, no sólo alimentó el crimen organizado, fomentó la proliferación de bares clandestinos y la producción de alcohol y cerveza en la intimidad de las casas sino que, además, nació en medio de una enorme oposición: la primera infracción documentada de la Ley se produjo tan sólo 50 minutos después de entrar en vigor, cuando la policía de Chicago detuvo a un grupo de personas que estaba cargando una furgoneta con alcohol. La ‘Ley Seca’ tampoco fue la primera de esa índole de la historia, ese ‘honor’ corresponde a la pequeña Isla del Príncipe Eduardo, en Canada, que mantuvo la prohibición de beber alcohol desde 1908 a 1945 y antes que Estados Unidos, también tomaron medidas en ese sentido Rusia, entre 1914 y 1925; Islandia (1915-1922) e incluso el país de origen de Volstead, Noruega, que promulgó su particular Ley Seca entre 1916 y 1927.

Para lo que sí sirvió la Ley fue para encumbrar a Volstead. A su muerte el 20 de enero de 1947, su casa, en Granite Falls, fue incluida en el Catálogo de Monumentos Históricos Nacionales e incluso, él mismo llegó a ser portada, el 29 de marzo de 1926, de la legendaria revista Time. Ese mismo año, también ocupó ese espacio que Time reservaba para los hombres más influyentes de su tiempo, el ‘Pasmo de Triana’, Juan Belmonte.

Lo cierto es que hoy en día, el ‘Acta Volstead’ forma parte de la historia de Estados Unidos, una historia mitificada por Hollywood a través de decenas de películas. A Volstead, cuando el reloj se encamina hacia el siglo desde que se proclamará el Acta de Prohibición, como un guiño de la historia, le podemos ver hoy en las etiquetas de las cervezas que llevan su nombre, las ‘Senador Volstead’. Es lo que tienen las leyendas.

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